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El
autismo es un síndrome que estadísticamente afecta a 4 de cada 1,000 niños
y aún cuando desde hace muchos años se le reconoce como un trastorno del
desarrollo, las causas son a la fecha desconocidas.
Aunque
salvo muy contadas excepciones, se nace con el síndrome, se manifiesta en
los niños entre los 18 meses y 3 años de edad. Entre los primeros
síntomas, los principales suelen ser: el niño pierde el habla, no ve a los
ojos, pareciese que fuese sordo, tiene obsesión por los objetos o muestra
total desinterés en las relaciones sociales con los demás. En algunas
ocasiones, puede llegarse a confundir con esquizofrenia infantil. Una
definición sencilla podría ser:
“El
autismo es un síndrome que afecta la comunicación y las relaciones
sociales y afectivas del individuo”.
Como su definición lo dice, el autismo es un
síndrome, no es una enfermedad y por lo tanto, no existe cura para
tal. Se puede mejorar su calidad de vida y enseñarle nuevas habilidades
con la intención de hacerlo lo mas independiente posibles, pero como el
síndrome de down y otros trastornos del desarrollo, será autista toda
su vida.
En ocasiones, estos
niños, además de ser autistas, tienen algún otro trastorno del desarrollo
(retraso mental, motriz, síndrome de down, etc.) o bien, pueden ser lo que
se conoce como el autista clásico o puro. Existe otro síndrome llamado
Asperger, que para efectos de este manual, lo manejaremos en forma igual,
ya que la diferencia principal entre autismo y este síndrome es el nivel
de inteligencia.
A diferencia de los
mitos que las novelas y películas recientes nos han hecho creer, solo un
pequeño segmento de los autistas llega a mostrar alto grado de
inteligencia y aunque no es válido decir que tienen un retraso mental, si
es evidente su falta de aprendizaje debido precisamente a su pobre o nula
comunicación. Una analogía sería la de Mowgli (del “Libro de la selva”)
en que el niño crece sin contacto con los demás y por lo mismo, es
instintivo y nulo de conocimientos (esto, por supuesto, en el peor de los
casos).
CARACTERÍSTICAS DEL AUTISTA
Las
características por las que podemos reconocer a un niño autista son
variadas, pues como ya dijimos anteriormente, es un síndrome (conjunto de
anomalías) y no es una enfermedad. Se considera que una persona es
autista si tiene o ha tenido cuando menos siete de las siguientes
características:
· Lenguaje nulo, limitado o lo tenía y dejó
de hablar.
· Ecolalia, repite lo mismo o lo que oye
(como si fuese un perico).
· Parece sordo, no se inmuta con los
sonidos.
· Obsesión por los objetos, por ejemplo, le
gusta traer en la mano un montón de lápices o cepillos sin razón alguna.
· No tiene interés por los juguetes o no
los usa adecuadamente.
· Apila los objetos o tiende a ponerlos en
línea.
· No ve a los ojos, evita cualquier
contacto visual.
· No juega ni socializa con los demás
niños.
· No responde a su nombre.
· Muestra total desinterés por su entorno,
no está pendiente.
· No obedece ni sigue instrucciones.
· Pide las cosas tomando la mano de alguien
y dirigiéndola a lo que desea.
· No le gusta que lo toquen o carguen.
· Aleteo de manos (como si volara) en forma
rítmica y constante.
· Gira o se mece sobre sí mismo.
· Se queda quieto observando un punto como
si estuviera hipnotizado.
· Camina de puntitas (como ballet).
· No soporta ciertos sonidos o luces (por
ejemplo, la licuadora).
· Hiperactivo (muy inquieto) o extremo
pasivo.
· Agresividad y/o auto agresividad (se
golpea a sí mismo).
· Obsesión por el orden y la rutina, no
soporta los cambios.
· Se enoja mucho y hace rabietas sin razón
aparente o porque no obtuvo algo.
· Se ríe sin razón aparente (como si viera
fantasmas).
· Comportamiento repetitivo, es decir,
tiende a repetir un patrón una y otra vez en forma constante.
HECHOS COMPROBADOS
Al margen de las
controversias que rodean las teorías sobre el autismo, existe un buen
número de hechos suficientemente comprobados:
Las pruebas con rayos X, TACS del cerebro y otras
pruebas médicas no reflejan hasta ahora síntomas físicos que coincidan
en los autistas. Se han realizado hasta la fecha muy pocas autopsias.
A menudo, los niños autistas no son diagnosticados
tan pronto como se podría esperar: desde los 4 meses a los 4 años. En
algunos casos, la identificación no se realiza hasta mucho después.
Sacar a los niños autistas de su casa y ponerlos
al cuidado de otras personas no tiene ningún efecto.
La estadística muestra que por cada autista del
sexo masculino, hay una del sexo femenino.
Los niños autistas generalmente no tienen contacto
ocular e incluso lo evitan. Es relativamente sencillo enseñar a un niño
autista a mirar a los ojos, pero al hacerlo no se modifican otros
aspectos de su comportamiento
Una mayoría de autistas se ven afectados
aparentemente de retraso mental. Digo "aparentemente" porque algunos
creen que es sólo eso, apariencia. De hecho es difícil valorar a quien
ignora las pruebas tradicionales de Coeficiente Intelectual (IQ). Esto
es porque al no tener comunicación, tienen ausencia de aprendizaje.
Aunque hay historias de autistas curados, ninguno
de los métodos que se auto acreditan dichas curaciones han producido
otras curaciones posteriores.
Una minoría de autistas lleva una vida normal,
aunque prácticamente ninguno llega a casarse o muestra interés por el
otro sexo y además no tienen iniciativas. El resto precisan ser
cuidados durante toda su vida.
TRATAMIENTOS PARA EL AUTISMO
Muchos
tratamientos han sido diseñados o creados para el tratamiento del autismo,
unos con mayor éxito que otros y algunos con ningún resultado evidente.
En este manual explicaremos el tratamiento conocido por Modificación de
Conducta, por ser a la fecha el mas aceptado y que mejores resultados
ha demostrado. Sin embargo, está comprobado que el mejor avance se logra
con una mezcla o variedad de tratamientos, alguno de ellos encaminado al
desarrollo de áreas específicas (por ejemplo, el habla).
A
continuación se enlista los mas conocidos sin entender que se recomienda
ninguno de ellos, las ventajas o desventajas que tenga cada uno deberán
ser evaluadas por los padres a través de documentarse e investigar por
diferentes medios.
a) Terapia Conductual:
También conocida como método Loovas (por Ivar Loovas, uno de los
principales precursores de la actualidad) y está basada en el
conductismo. Se enseñan habilidades por medio de reforzadores y
aversivos (premio y castigo).
b) Método Teach:
Utilizado principalmente por el sistema escolar de varios estados de la
unión americana (entre ellos Texas) y está basado en la comunicación
visual por medio de imágenes y símbolos que representan conceptos o
palabras.
c) PECS (Picture Exchange Comunication
System): Es un método de comunicación
visual y de lecto-escritura que ha sido aplicado con bastante éxito en
algunos estados de la unión americana (Missouri destaca en este método).
d) Químico y/o Fármaco:
Es el tratamiento por medicamentos. Aunque este punto es ampliamente
discutido, sí es un hecho que ciertos niños tienen la necesidad de ellos
debido a alguna disfunción (por ejemplo, epilepsia). En todos los casos,
los padres nunca deben recetar a los niños, deberán consultar con un
neurólogo pediatra.
e) Dieta libre de Gluten y Caseína:
Consiste en restringir al niño alimentos que tengan estos compuestos.
Sus resultados son favorables solamente en algunos casos.
f) Vitaminosis:
Consiste en proveer al niño de una serie de vitaminas que en estudios se
ha comprobado que algunos niños carecen o tienen insuficiencia de ellos.
Entre los mas frecuentes, están las vitaminas del complejo B.
g) Método Doman, Filadelfia o Afalse:
En este sí me atrevo a decir que nada tiene que ver con el autismo. Fue
diseñado originalmente para parálisis cerebral y yo dudo de cualquiera que
diga que su método sirve para tratar cualquier niño, aún los normales.
h) Método Tomatis y Berard:
Estos métodos se basan en adiestrar auditivamente al niño y con ello,
abrir canales en su cerebro. Sus resultados son muy discutidos.
i) Músico Terapia:
Se busca el vínculo con el niño a través de la música y el ritmo. En
algunos niños ha dado buenos resultados.
j) Delfino Terapia, Equino Terapia, etc.:
Terapia con delfines, caballos, etc. Si tiene acceso a alguno de este
tipo, sin discutir sus ventajas o desventajas, el niño tendrá una
experiencia única. Algunos padres me han platicado que vieron mejoría,
los otros dijeron que, aunque sus niños salieron igual, se divirtieron
bastante.
Existen otros tratamientos como el psicoanálisis y la terapia Gestalt, de
los cuales, no he tenido conocimiento de ningún caso que haya tenido un
buen resultado. También hay gente que ofrece “medicina alterna”, de la
cual no puedo emitir juicio alguno por no tener conocimiento sobre ello.
CUIDADO CON LOS FARSANTES
Desgraciadamente, como en todo, existe gente sin escrúpulos que se
aprovecha del dolor y la desesperación de los padres, ofreciendo
tratamientos novedosos y hasta curas. He conocido padres que han pasado
por estas gentes y el desgaste físico, económico (ninguno lo hace gratis)
y principalmente emocional han sido tal que el daño causado en los niños y
en ellos mismos hacen que hierva la sangre a mas de uno.
Existe
otras gentes que tienen los conocimientos para el manejo del niño pero su
ética profesional y la forma en que sangra económicamente a los padres los
pone en el mismo nivel que los anteriores.
Para
evitar caer con uno de estos farsantes y evitar perder el valioso tiempo
del niño, basta seguir este simple decálogo de consejos:
1. Exija ver el título de la persona donde demuestre que tiene los
estudios que lo acredita profesionalmente. Cuídese de las gentes que sin
título, muestran certificados de diplomados o cursos. Verifique que la
universidad que emite el título sea una institución seria.
2. Aunque vaya en contra de sus creencias, ningún espiritista,
religioso, mentalista o brujo podrá hacer algo por su hijo. El niño
tiene autismo, no está poseído, ni le han hecho ningún conjuro, ni tiene
energías negativas que lo hacen comportarse así.
3. Verifique que el tratamiento sea avalado por el Colegio de
Psiquiatría, Psicología, Neurología y/o Pediatría. No confíe en los “investigadores”
y/o “científicos”.
4. No existe medicamento ni elíxir mágico que curará a su hijo.
Algunos medicamentos pueden mejorar su condición y no porque dio resultado
con otro niño, dará resultado con el suyo necesariamente.
5. Jamás administre ningún medicamento sin la prescripción de un
médico. Si cree que dicho medicamento puede tener reacciones secundarias
o pudiese causar algún daño, busque una segunda opinión con otro doctor.
No drogue a su hijo innecesariamente.
6. Documéntese totalmente del tratamiento que le ofrecen y pida los
nombres y teléfonos de cuando menos tres diferentes padres de niños
autistas que sean pacientes y hable para pedir referencias. Pregunte
sobre los avances y en cuanto tiempo lo lograron.
7. Usted tiene todo el derecho de saber lo que le están haciendo a su
hijo. Si evitan que vea la terapia o bien, no lo involucran o no le
informan constantemente los avances del niño, corre el riesgo que la
persona lo sangre económicamente alargando los tiempos.
8. Cuídese de esos tratamientos milagrosos que todo lo curan. Cuando
alguien le diga que mejora el autismo, down, parálisis cerebral, trastorno
bipolar, lento aprendizaje, etc. muy posiblemente esté escuchando a un
farsante. El autismo es muy específico y por lo mismo, su tratamiento
también lo es.
9. Sea precavido en los nuevos descubrimientos, especialmente si no se
han realizado las debidas pruebas que garanticen la seguridad de su hijo.
10. La oración a Dios es buena y enriquece su alma y espíritu, pero
necesita también que su hijo reciba un tratamiento por un profesional.
Los religiosos son teólogos, estudian a Dios. Los psicólogos son los que
estudian la mente y comprenden el autismo.
II. COMPRENDIENDO
AL AUTISTA [volver al índice]
Cuando me dieron el diagnóstico de mi hijo, dos cosas invadieron mi
mente: saber qué era el autismo y saber cómo pensaba o sentía mi hijo.
Lo
primero fue mas fácil, pues existen muchos libros además de un sinfín de
artículos en el internet. Para lo segundo, la tarea era un poco mas
difícil. Primero, debía buscar chats, libros y artículos escrito por
ellos. Luego, debía asimilar esa información desde una perspectiva que
rompía todo el orden establecido en mi mente. Comprender al niño autista
implica desear sentir como él, penetrarse en sus juegos y rituales lejos
de jalarlo a los nuestros.
Existe
mucho que aprender de ellos y mucho más que, debido a nuestra incapacidad
o soberbia, nunca entenderemos. Pero cualquier paso que se avance en
lograr el vínculo con su hijo, siempre será de gran provecho, por pequeño
que ese paso parezca.
“PENSANDO EN IMÁGENES”
En el
libro que lleva este título, su autora, Temple Gradin (autista),
nos explica cómo los procesos mentales en los autistas son diferentes.
Cuando habla de sí misma, ella hace una analogía de un disco duro de gran
capacidad de almacenamiento pero de muy lenta velocidad y un deficiente
sistema de archivos.
El ser
humano guarda la información en su cerebro a través de conceptos y
símbolos. Todo recibe una definición y cada idea se interrelaciona con
otra. Nuestro razonamiento es abstracto y nos da la capacidad de
entender todo aquello que incluso no podamos ver, como es Dios, el bien y
el mal, etc. gracias a que le damos una definición lógica. Como un
detalle les puedo aseverar: un autista jamás dice mentiras por lo mismo
que no puede comprender el decir cosas que no son o existen, así que si su
hijo dice una mentirita, es válido hacerle toda una fiesta (expresión
mexicana), pues eso es un gran avance.
En el
caso de los autistas, la información la guarda en imágenes (como
fotografías) y los conceptos o definiciones lo logran por generalización,
es decir, múltiples imágenes de un mismo concepto generan una serie de
características similares que le permiten de esa manera establecer una
definición.
Por
ejemplo, para nosotros el definir un automóvil es sencillo: “cualquier
vehículo con motor y ruedas para transportar gente o cosas”. Un autista
tiene que tener la imagen de varios automóviles, todos de diferentes
marcas, colores y estilos, donde por similitud entre ellos puede
establecer: “todos tienen llantas, todos tienen motor, todos transportan
gente o cosas, todos esos son automóviles”, de tal manera que mientras si
nosotros escuchamos la palabra automóvil, simplemente pensamos en el
concepto, mientras que ellos tienen que traer a su mente toda esa cantidad
de imágenes.
A un
autista se le facilita el entendimiento si al platicarle algo, lo
describimos como si estuviésemos hablando de una pintura o retrato.
DISCRIMINACIÓN AUDITIVA SELECTIVA
Estoy
seguro que más de un profesional dirá que el término es incorrecto, pero a
mí como padre me es mas fácil entenderlo así. La discriminación auditiva
selectiva consiste en la inhabilidad que tienen algunos autistas para
separar y bajar el volumen dentro de su oído a aquellos sonidos que
interfieren, distorsionan o vician el entorno.
Como
un ejemplo práctico para comprender esto, ¿cuántas veces han platicado con
alguien que está al extremo opuesto de la mesa y le entienden
perfectamente, aún cuando en medio están otras gentes hablando al mismo
tiempo? Pues bien, eso lo logran ya que su cerebro disminuye en su oído
el volumen de las voces intermedias y centra la atención en la voz que
quieren escuchar. Esto es como si todos tuviésemos un ecualizador dentro
de nuestros oídos con el cual seleccionamos aquello que nos agrade y
desechamos todo lo que nos cause distorsión.
Ahora
imaginemos que no tuviésemos esa habilidad y que todos los sonidos
llegasen al mismo volumen y en forma constante, incluyendo aquellos que
nos desagradan. ¿No se volverían locos? Pues bien, es por ello que los
autistas no soportan algunos sonidos, porque mientras nosotros simplemente
le bajamos el volumen internamente, ellos no.
PROSOPAGNOSIA
Tuve
la oportunidad de intercambiar correos y platicar por vía internet con un
singular personaje que en su momento, me ayudó enormemente a comprender
mejor a mi hijo, él se llama Guy Lelarge, de origen francés,
adulto, con Síndrome de Asperger y con una mente privilegiada. En las
muchas pláticas, me describió un padecimiento que él tiene y que se
denomina prosopagnosia, esto es, la incapacidad de reconocer caras.
Este
término desconocido por muchos, es un padecimiento que sufren muchos
autistas al no poder reconocer caras, algunos tan severos que no pueden
reconocerse a sí mismos frente a un espejo. Me platicaba Guy de cómo
cuando veía una cara, se le nublaba la imagen y veía otras cosas, por
ejemplo, “una cebolla” (sic).
Otra
situación de los autistas, es que si no tienen prosopagnosia, el mismo
hecho que evitan ver hacia la cara de las personas, por lo agresiva que es
la mirada para ellos, se centran en reconocer a la gente por
características alrededor de ellas, por ejemplo, el cuerpo, la barba, el
pelo, el cuello, la voz, etc. Algunos autistas podrán aprender a ver
(mejor dicho, soportar) la mirada de los demás, pero habrá algunos que
nunca lo podrán tolerar.
CEGUERA MENTAL
Entre
las muchas cosas que tuve la oportunidad de aprender a Guy Lelarge y a través de él, conocer mejor a mi hijo, fue la ceguera mental (no tengo la seguridad que el término sea el correcto, pero así le llamaba
Guy), la cual consiste en la incapacidad para reconocer los estados de
ánimo de otras personas. Para los autistas, les es muy difícil darse
cuenta si la persona frente a él está triste o está contenta.
Es la
ceguera mental la que afecta al autista en su inhabilidad social. Mas de
una vez habrán oído que nuestros niños son las personas mas “egoístas” del
universo, que solo piensan en ellos y sus propias necesidades. Pues
bien, no es del todo verdadero, lo que sucede es que aunque nos molestemos
o por el contrario, estemos muy contentos, es algo que ellos no logran
darse cuenta tan fácilmente.
No dar
nada por obvio y decirle a un autista nuestro estado de ánimo, ya sea de
enojo o aprobación, ayudará bastante en las relaciones que tengamos con
él. Los estados de ánimo es un rol social que tendrán que aprender los
niños durante toda su vida.
AUTO ESTIMULACIÓN
Aunado
a todo lo anterior, los autistas tienen todos sus sentidos mucho muy
sensibles (imagina que todo te llega al 500%), además de la frustración
que les origina el no poder darse a entender y comunicar sus necesidades a
los demás. Esto origina dos posibles reacciones: la rabieta (ahora sí se
comprende mejor, ¿verdad?) o la auto estimulación.
Cualquier movimiento repetitivo (como mecerse, aletear manos) o quedarse
inmóvil viendo a un punto fijo, hace que la mente se bloquee a todos los
estímulos externos, lo cual causa un grado de placer en ellos. Un buen
ejercicio para comprender este concepto es que se inclinen hacia atrás en
la silla y se queden fijamente viendo un foco sin pensar en nada, luego,
pónganse a mecerse lentamente en forma metódica y repetitiva. Si han
hecho estos ejercicios, verán cómo la mente se relaja y hasta sentirán
como descansados.
¿LOS AUTISTAS TIENEN SENTIMIENTOS?
Es un
hecho conocido por todos los padres y profesionales en la materia, que
todos los niños autistas son altamente manipuladores con una capacidad
para actuar el llanto para lograr su objetivo (estoy pensando seriamente
proponer a mi hijo para que reciba el Oscar de la Academia).
Erróneamente y aunado a la ceguera mental, algunos profesionales
aseveran que los autistas no tienen sentimientos ni capacidad de amar.
Los
autistas sí aman, solo que la forma en que lo demuestran es
diferente a como nos lo enseñaron nuestros padres. Un niño “normal” nos
dice que nos quiere, nos busca para invitarnos a jugar con él
interactivamente, muestra su sonrisa cuando nos ve y hace dibujos de sus
papás para orgullosamente mostrarlo a sus amigos. Un autista no sabe la
forma de comunicarnos que nos quiere, pero lo podemos notar porque busca
estar donde estamos nosotros, su estado de ánimo cambia cuando nos
acercamos, juega a nuestro lado (en lo suyo) o trata de imitarnos.
Así
como les enseñamos a los autistas diferentes habilidades que van desde
imitación, auto cuidado, cognitivas, etc. se le puede enseñar a demostrar
sentimientos. En el caso muy particular de mi hijo, quien tiene 8 años y
es autista clásico profundo, habla muy poco y su entendimiento es bastante
limitado, pero sin embargo, aprendió a dar besos, abrazos, sonreir y hacer
diferentes caras (enojado, contento, etc.) y ahora que ya sabe demostrar
su afecto, es sumamente cariñoso con la gente.
Los
autistas sí sienten, aman y sufren al igual que nosotros, simplemente no
saben expresarlo de la manera a la que estamos acostumbrados.
¿QUÉ ME DIRÍA UN AUTISTA?
1. Ayúdame a comprender mi entorno. Organiza mi mundo y facilítame
que anticipe lo que va a suceder. Dame orden, estructura y no caos.
2. No te angusties conmigo, porque haces que me angustie. Respeta mi
ritmo. Siempre podrás relacionarte conmigo si comprendes mis necesidades
y mi modo especial de entender la realidad. No te deprimas, lo normal es
que avance y me desarrolle cada vez más, aunque a veces tenga algunos
retrocesos.
3. No me hables demasiado, ni demasiado rápido. Las palabras son
"aire" que no pesa para ti, pero pueden ser una carga muy pesada para
mí. Muchas veces no son la mejor manera de relacionarte conmigo.
4. Como otros niños y adultos, también necesito compartir el placer y
me gusta hacer las cosas bien, aunque no siempre lo consiga. Hazme
saber, de algún modo, cuándo he hecho las cosas bien y ayúdame a hacerlas
sin fallos. Cuando tengo demasiados fallos me sucede igual que a ti: me
irrito y termino por negarme a hacer las cosas.
5. Necesito más orden del que tú necesitas, más predictibilidad en el
medio que la que tú requieres. Tenemos que negociar mis rituales para
convivir.
6. Me resulta difícil comprender el sentido de muchas de las cosas que
me piden que haga. Ayúdame a entenderlo. Trata de pedirme cosas que
puedan tener un sentido concreto y descifrable para mí. No permitas que
me aburra o permanezca inactivo.
7. No me invadas excesivamente. A veces, las personas son demasiado
imprevisibles, demasiado ruidosas, demasiado estimulantes. Respeta las
distancias que necesito, pero sin dejarme solo.
8. Lo que hago no es contra ti. Cuando tengo una rabieta o me
golpeo, si destruyo algo o me muevo en exceso, cuando me es difícil
atender o hacer lo que me pides, no estoy tratando de hacerte daño. Ya
que tengo un problema de intenciones, no me atribuyas malas intenciones.
Batallo para entender lo que está bien y lo que está mal.
9. Mi desarrollo no es absurdo, aunque no sea fácil de entender.
Tiene su propia lógica y muchas de las conductas que llamas "alteradas"
son formas de enfrentar el mundo desde mi especial forma de ser y
percibir. Haz un esfuerzo por comprenderme.
10. Las otras personas son demasiado complicadas. Mi mundo no es
complejo y cerrado, sino simple. Aunque te parezca extraño lo que te
digo, mi mundo es tan abierto, tan sin tapujos ni mentiras, tan
ingenuamente expuesto a los demás, que resulta difícil penetrar en él.
No vivo en una "fortaleza vacía", sino en una llanura tan abierta que
puede parecer inaccesible. Tengo mucha menos complicación que las
personas que se consideran normales.
11. No me pidas siempre las mismas cosas ni me exijas las mismas
rutinas. No tienes que hacerte tú autista para ayudarme. ¡El autista
soy yo, no tú!
12. No sólo soy autista. También soy un niño, un adolescente o un
adulto. Comparto muchas cosas de los niños, adolescentes o adultos a los
que llamas "normales". Me gusta jugar y divertirme, quiero a mis padres
y a las personas cercanas, me siento satisfecho cuando hago las cosas
bien. Es más lo que compartimos que lo que nos separa.
13. Merece la pena vivir conmigo. Puedo darte tantas o mas
satisfacciones que otras personas, aunque no sean las mismas. Puede
llegar un momento en tu vida en que yo, que soy autista, sea tu mayor y
mejor compañía.
14. No me agredas químicamente. Si te han dicho que tengo que tomar
una medicación, procura que sea revisada periódicamente por el
especialista.
15. Ni mis padres ni yo tenemos la culpa de lo que me pasa. Tampoco
la tienen los profesionales que me ayudan. No sirve de nada que se
culpen los unos a los otros. A veces, mis reacciones y conductas pueden
ser difíciles de comprender o afrontar, pero no es por culpa de nadie.
La idea de "culpa" no produce más que sufrimiento en relación con mi
problema.
16. No me pidas constantemente cosas por encima de lo que soy capaz de
hacer. Pero pídeme lo que puedo hacer. Dame ayuda para ser más
autónomo, para comprender mejor, pero no me des ayuda de más.
17. No tienes que cambiar completamente tu vida por el hecho de vivir
con una persona autista. A mí no me sirve de nada que tú estés mal, que
te encierres y te deprimas. Necesito estabilidad y bienestar emocional a
mi alrededor para estar mejor. Piensa que tu pareja tampoco tiene culpa
de lo que me pasa.
18. Ayúdame con naturalidad, sin convertirlo en una obsesión. Para
poder ayudarme, tienes que tener tus momentos en que reposas o te dedicas
a tus propias actividades. Acércate a mí, no te vayas, pero no te
sientas como sometido a un peso insoportable. En mi vida, he tenido
momentos malos, pero puedo estar cada vez mejor.
19. Acéptame como soy. No condiciones tu aceptación a que deje de ser
autista. Sé optimista sin hacerte "novelas" o “castillos en el aire”.
Mi situación normalmente mejora, aunque por ahora no tenga curación.
20. Aunque me sea difícil comunicarme o no comprenda las sutilezas
sociales, tengo incluso algunas ventajas en comparación con los que llamas
"normales". Me cuesta comunicarme, pero no suelo engañar. No comprendo
las sutilezas sociales, pero tampoco participo de las dobles intenciones o
los sentimientos peligrosos tan frecuentes en la vida social. Mi vida
puede ser satisfactoria si es simple, ordenada y tranquila. Ser autista
es un modo de ser, aunque no sea el normal o esperado. Mi vida como
autista puede ser tan feliz y satisfactoria como la tuya "normal". En
esas vidas, podemos llegar a encontrarnos y compartir muchas experiencias.
Angel Rivière
Es
cierto que cuando el niño nació y durante sus primeros meses de vida,
permitió en los padres soñar en un futuro promisorio, en el cual, las
expectativas son muy distantes a la realidad actual. Esa noticia que se
recibe alrededor de los 2 años de vida cambia todo de un solo golpe y
resulta que el niño no será todo aquello que ya se ha planeado.
Precisamente, debido a que se tuvo la oportunidad de creer y anhelar, el
derrumbe emocional que reciben los padres suele ser muy profundo y
conlleva a múltiples y variadas reacciones que van desde la tristeza y
desencanto hasta la ira y desesperación.
El
camino mas frecuente que se puede observar es el rechazo y el fracaso
anticipado, en que el padre se sume en una profunda depresión y a veces,
termina incluso con el rompimiento del vínculo familiar y en el peor de
los casos, el desentendimiento por parte de alguno de ellos. Esto afecta
no solo a los padres, sino a los niños, tanto a los “especiales” como a
los normales.
¿ACEPTAR O ELEGIR?
La
aceptación de un niño especial no significa necesariamente que los padres
estén satisfechos con su destino. Mas de una ocasión los escuchamos
decir que llevan su cruz o se están ganando su boleto al cielo. Ven a su
hijo como un calvario y no como un ser que vino a dar una semblanza nueva
en sus vidas.
Uno
puede “aceptar” al niño como es y en su interior, soñar en lo que pudo ser
y que nunca será. Este pensamiento merma poco a poco el espíritu de los
padres pues lo que realmente están haciendo es “conformándose” con su
situación y haciendo lo mejor posible que sus valores morales y afectivos
indiquen.
Otra
opción es elegir al niño, donde el padre desee a su hijo tal
como es, sin pensar en cómo sería si fuese “normal” ni compararlo con los
hijos de sus seres cercanos. Sus fuerzas están encaminadas a sacar a su
hijo adelante al igual que a cualquier niño. El padre debe aprender a
encontrar a su hijo y a través de él, encontrarse a sí mismo.
LOS MISERABLES
Un
término algo agresivo, pero en eso se convierten los padres que
constantemente dedican su mente a pensar en todo lo desgraciados que
son. Buscan provocar lástima en los demás y algunos incluso maldicen “su
suerte”. Hacen ellos de su vida su propia prisión y arrastran a sus
seres queridos a ese abismo.
El
camino mas fácil es ser un miserable y llorar por las desdichas de tener
un hijo que no promete un futuro. La negación es otra forma de ser
miserable, aparentando una falsa felicidad y vivir día a día sin ninguna
meta a seguir.
Cuando
se es miserable, el padre se encierra en su casa y se acaba toda vida
social. Siempre encontrará una y mil excusas para no ir a fiestas o días
de campo.
JUEGOS EXTRAÑOS
Los
niños autistas nunca jugarán igual que los demás.
Analicemos esta afirmación:
· Sus juegos serán diferentes
· Sí jugarán
· Sí se reirán
Es
posible convivir y disfrutar la convivencia con un autista y las reglas
son muy sencillas, de hecho es solo una: ¡NO HAY REGLAS!
Los juegos y reglas de
convivencia que conocemos y que nos agradan, los aprendimos por nuestros
padres y del entorno (hermanos, primos, amigos, etc.) Son pautas que se
siguen y nos causan placer. Bien, pues es tiempo de desechar todo eso y
poner nuestra mente en blanco, ya que debemos entrenarnos nuevamente en
esas reglas sociales. Sin importar la forma en que se conviva con un
autista, si provoca sonrisas, es válido (aunque se vea raro).
Pensándolo mejor, si debemos poner una regla: ¡NO IMPORTA LO QUE LOS
DEMÁS PIENSEN O CÓMO NOS VEAN! La cultura y costumbres son
relativas al entorno en que nos desenvolvemos. Lo que aquí es correcto,
posiblemente en China sea una falta de educación.
¿PORQUÉ SON TAN TIERNOS NUESTROS HIJOS?
Frecuentemente decimos que
nuestros hijos son muy tiernos y es muy posible que gente ajena que los
conozca piensen que estamos locos y no están del todo equivocados.
Cuando los abrazamos, nos rechazan.
Para lograr una pequeña sonrisa, debemos hacer todo un circo. Para
lograr una mirada de ellos, se la tenemos que exigir. El socializar con
nosotros lo hacen casi en forma obligada. Si hablan es raro y
difícilmente nos expresaran un sentimiento. Si los dejamos solos para
ellos es mejor la mayor parte del tiempo. ...y muchas cosas mas.
Y es que para conseguir cualquiera de lo
anterior, luchamos en forma incansable hasta lograrlo con ellos... pero
cuando sucede al fin, el esfuerzo invertido nos premia con un instante tan
mágico que dice uno a si mismo que valió la pena y lo disfrutamos
enormemente.
Esos instantes mágicos los atesoramos,
los recordamos siempre y por ellos continuamos trabajando por nuestros
hijos, para que continúen existiendo una y otra vez.
Y es que cuando se lucha tanto, cuando se
pone tanta esperanza, se aprende a valorar el mas mínimo detalle. Por
eso, nuestros hijos son tan tiernos.
DECIDIDO A SER FELIZ
Como
se mencionó anteriormente, cuando el padre elige a su hijo, aprende
a gozar de esos pequeños detalles y cada día ve una oportunidad de ser
mejor. La felicidad no se da por sí sola, se debe desear y luchar por
ella.
El
padre feliz ama a su hijo y se enorgullece de él. No se guía por las
expectativas de los demás y ríe de las caras de asombro de otras personas
ante las diferentes situaciones que acarrea a su hijo.
En una
de tantas ocasiones que mi hijo y yo fuimos al cine, en la dulcería la
joven le preguntaba al niño qué dulce deseaba. Por supuesto, mi hijo
solo apuntaba con la mano y yo, entre risas le dije: “si logras que hable,
estás contratada... él es autista”. Ella se quedó paralizada por mi
comentario (un padre que hace burla de su hijo) y no entendía que para mí,
ser autista es como si fuese gordito, flaquito, alto, chaparro, tartamudo,
etc.
El
autismo no es un tabú, es parte de ellos y debemos enseñar a la sociedad a
no sentir lástima por ellos sino mas bien, aceptarlos como lo harían con
cualquier otro niño.
Personalmente, yo adoro a mi hijo y me siento muy orgulloso de él. No
existe día que no presuma a alguien las travesuras que hace, sus
ocurrencias como últimamente le ha dado por usar lentes oscuros (claro,
que los rompe cada 2 o 3 semanas y le compro otros) y toma poses para que
lo veamos.
Más de
una vez gente cercana a mí me ha comentado que tengo un amor enfermizo por
mi hijo. ¿Porqué se considera enfermizo? ¿Si el niño fuese “normal”,
entonces sí estaría justificado? El mundo empezará a ser mejor cuando se
pueda comprender que es más importante ejercer una paternidad para uno
mismo que una “paternidad responsable”. La segunda no implica
necesariamente la primera, pero de la primera siempre se deriva
forzosamente la segunda.
No soy
mas que un simple padre que decidió ser feliz.
IV.
INTRODUCCIÓN A LA TERAPIA CONDUCTUAL [volver al índice]
En el
manejo del autismo, múltiples técnicas para mejorar las condiciones del
niño han sido aplicadas con resultados aceptables y entre ellas, la que a
la fecha mejores resultados ha dado, especialmente en niños pequeños, es
la Terapia Conductual o Análisis Aplicado de la Conducta (ABA: Applied
Behavior Annalisys).
La Terapia Conductual
puede ser definida como la aplicación sistemática de los principios y
técnicas del aprendizaje en la modificación de la conducta humana. Es
algo parecido a la enseñanza por medio de repetición con premios y
castigos.
A esta
terapia se le han dado diversos nombres como: Modificación de conducta,
Terapia del Condicionamiento, Manejo Conductual, Análisis Conductual, etc.
En los Estados Unidos han preferido llamarla Terapia conductual, ya que es
el término usado por Skinner, uno de los principales precursores de esta
técnica.
El
inicio de la Terapia conductual se sitúa en los experimentos del filósofo
Ruso Ivan Pavlov (1927), aunque lo anteceden aquí en América los estudios
de Thorndike acerca del aprendizaje por “causa y efecto” en 1913, pero no
fue sino hasta 1924 cuando el psicólogo estadounidense John B. Watson,
realizara contribuciones sobre el aprendizaje en los niños. Fue en la
década de los 50 cuando Federic Skinner realiza valiosas aportaciones de
investigaciones individuales sobre Programas de Reforzamiento (1950-1954).
En los
últimos 30 años la modificación de conducta ha tenido una aceptación y
crecimiento gigantesco. Esto por tres importantes razones:
Ha demostrado ser efectiva en
gran variedad de sitios, desde hospitales psiquiátricos, escuelas y en
las actividades de la comunidad en general.
Se ha venido dando gradualmente
un “desencanto” por los programas educativos existentes y sistemas
tradicionales.
Ha demostrado con el elemento
más importante que caracteriza a la terapia conductual: “Ser objetiva
y poder ser observada”, es decir, que es confiable y tiene validez,
ya que puede medirse.
La
tendencia en la modificación de conducta está dirigida hacia controles
positivos de la conducta, pero debido a que muchos profesionales hacen mal
uso de estas técnicas, faltando a los códigos éticos y legales a los que
tiene derecho el paciente, se tiene un concepto distorsionado de la
Terapia conductual.
Algunas instituciones emplean el castigo para
suprimir una conducta pero olvidan implementar controles positivos para
desarrollar una conducta deseable incompatible con la anterior.
Cada día es mayor la tendencia al refuerzo de
conductas deseables (premio) que aplicar el castigo. De hecho, muchos
terapeutas presentan al niño la oportunidad de jugar y ganar premios en
lugar del escenario de “trabajar”.
CONDICIONES PARA LA APLICACIÓN
Existen reglas generales
para la aplicación de la Terapia conductual que el terapeuta debe tener
presente antes de iniciar la modificación de conducta:
· Es indispensable tener una impresión
diagnóstica del paciente. El niño debe ser
visto por un neurólogo y ser valorado por un psicólogo de manera que se
conozcan las necesidades a tratar en el niño.
· Cada niño es un individuo único.
Semejante a todos los demás en muchos aspectos y diferente a la vez en
todos ellos. Por ello, las necesidades, avances y logros son también
individuales y nunca deben ser comparados con otros niños.
· No existen terapias universales.
Cada niño, en su individualidad, requiere de terapias específicas a sus
necesidades y sus avances serán conforme sus capacidades. Ningún
programa, por bien que esté diseñado, funcionará para todos los niños.
· Programación acorde a las necesidades
individuales. No existe receta de cocina
para aplicar. La programación debe basarse en las necesidades
individuales del niño.
· Ambiente que rodea al niño.
Se debe designar un escenario conductual adecuado de acuerdo a las
características y necesidades del niño, el cual debe de estar libre de
ruidos y distracciones.
· Salud del niño.
El estado físico del niño debe ser tomado en cuenta diariamente, ya que
esto es una variable que influye fuertemente en el desempeño del paciente.
· Trabajo en equipo.
El terapeuta deberá involucrar a los padres y maestros en el tratamiento
del niño. De nada sirve tres horas de trabajo durante la semana si las
otras 95 horas se retrocede o se deja libre al niño.
· Constancia.
Punto clave e indispensable para la adquisición de nuevas habilidades.
La programación establecida debe seguirse en forma continua tanto en casa
por los padres como en la escuela por los maestros. La terapia
conductual es 7 días a la semana los 365 días del año.
· Disciplina.
Estricto apego en la aplicación de los programas y procedimientos
establecidos para la terapia, sin variaciones donde todos trabajarán
igual.
MÉTODOS GENERALES DE MANEJO
Para la planeación de la
terapia conductual, existen cuatro métodos generales de manejo en los
cuales debemos basar nuestro criterio:
1. Anticipación: Este método plantea la “anticipación” a las necesidades e intereses del
niño, por lo que el terapeuta necesita tener conocimientos sobre
crecimiento y desarrollo del niño para ser capaces de prever sus
necesidades y de esta manera evitar conductas problema. Por ejemplo: si
el niño se auto estimula con cintos o cuerdas, una forma de anticiparse
sería quitárselos de su vista.
2. Desviación: Es el proceso de llevar algún elemento ó actividad agradable para el niño
en el momento en que la conducta blanco va a presentarse, es decir, cuando
apenas inicia la conducta que queremos evitar y no alcanzamos a
anticiparnos. Por ejemplo: si el niño ya vio los cintos y quiere
agarrarlos, podríamos ponerle una película de Walt Disney o jugar con él.
3. Sustitución: Es dirigir la atención del niño de una actividad a otra agradable cuando
esté realizando otra actividad o conducta inadecuada. Como dice su
nombre, si el niño ya presentó la conducta, la sustituiremos por otra que
sea adecuada. Esta es muy parecida a la anterior, con la variable que el
niño ya presenta la conducta por lo que el elemento o actividad sustituta
deberá ser de mayor peso e interés para el niño. Por ejemplo: si el niño
ya vio los cintos, ya los agarró y se está auto estimulando con ellos, se
le ofrecerá una paleta o llevarlo a jugar al parque.
4. Restricción: Es el proceso de establecer límites en la conducta de manera que éste no
se dañe físicamente o agreda a otros. Consiste en sujetar al niño e
inmovilizarlo hasta que se calme o llevarlo a un área que le haga
imposible la conducta blanco. Este método se aplica casi exclusivamente
cuando el niño agrede, se auto agrede o está demasiado inquieto y no hay
forma de calmarlo. Se debe tener especial cuidado de que bajo ninguna
circunstancia se dañe o lastime al niño, física o emocionalmente.
Toda conducta emitida por
un organismo es provocada por un evento, ya sea dentro o fuera de él. A
este evento se le llama “estímulo” y es el provocador de toda conducta.
El proceso de una conducta refleja se conoce con el nombre de “Conducta
Clásica”, ésta se caracteriza por ser innata o instintiva, su estímulo no
está bajo control, su aparición es de uno a uno y no se altera en forma.
El condicionamiento
Clásico se rige por el paradigma:
Estímulo incondicionado (El) - Respuesta incondicionada (RI)
Ejemplos: Parpadeo de los
ojos
Bostezar
Estornudar
Agitarnos con un susto, etc.
Al igual que para la
conducta clásica o refleja, el elemento que tiene mayor importancia es el
“estímulo” que precede a la “respuesta” (conducta). En la conducta
operante o condicionada, el elemento más importante es la “consecuencia”
del acto o de haberse presentado la conducta. Por lo tanto, en el
condicionamiento operante, dicha conducta está basada en el ambiente
entorno presentado en contraste al condicionamiento clásico, donde la
conducta se da en forma de respuesta refleja.
Las consecuencias de la
conducta se dividen en tres operaciones principales, esto de acuerdo con
los efectos que tiene sobre la conducta.
k) Reforzamiento Positivo:
Es la presentación de un reforzador agradable (premio), después de que la
conducta deseada se ha exhibido. Dentro de los reforzadores positivos se
encuentran: La comida y dulces, los juguetes, salidas a lugares
recreativos, los elogios o halagos y las caricias o contacto físico. Por
ejemplo: se le pide al niño que se mantenga quieto y se le aplaude
(elogio) y se le da un dulcecito como premio.
l) Reforzamiento Negativo:
Es la eliminación de un estímulo aversivo con la intención de aumentar la
frecuencia de ocurrencia de la conducta blanco. Los reforzadores negativos
pueden ser de las mismas características de los positivos, con la
diferencia de que aquí son desagradables para el niño y se los vamos a
quitar a condición de que no haga la conducta indeseable. Por ejemplo:
mientras el niño esté fuera de su lugar, hacemos un ruido que le moleste y
cesamos al momento que se siente
m) Ausencia del Reforzamiento:
Esto consiste en no dar reforzador de ningún tipo al niño aunque la
conducta se haya presentado, esta consecuencia se utiliza para decrementar
una conducta inadecuada. Esto se aplica principalmente cuando el niño
presenta conductas tendientes a manipular a los padres o terapeutas.
TIPOS DE REFORZADORES
Los reforzadores son
cualquier cosa que al niño agrade y que sea suficiente para lograr la
atención de este y pueden ser, entre otros:
· Comestibles. Cualquier tipo de alimento
o bebida.
· Tangibles. Juguetes u objetos que por
su tersura, llamen la atención del niño.
· Actividad. Actividades recreacionales o
pasatiempos. Pueden ser juegos.
· Sociales. Elogios y halagos.
Generalmente, se acompañan de caricias.
PRINCIPIOS DE REFORZAMIENTO
Existen principios que
regulan a los reforzadores, los cuales se detallan a continuación y son de
observancia estricta:
1. El refuerzo depende de la exhibición de la conducta blanco. Se
determina cual será utilizado para cada conducta y en qué forma,
observando estricto apego.
2. La conducta blanco debe ser reforzada inmediatamente después de
exhibirse la conducta blanco. El tardarse puede confundir al niño.
3. Durante las etapas iniciales del proceso de cambio en la conducta,
esta debe ser reforzada cada vez que se exhiba. Es decir, por cada
respuesta o ensayo correcto, se da un premio al niño.
4. Cuando la habilidad o conducta blanco recién adquirida alcanza un
nivel de frecuencia satisfactorio, se refuerza intermitentemente. Los
reforzadores se van distanciando poco a poco, primero cada dos ensayos,
luego cada tres y así sucesivamente.
5. Siempre que se apliquen reforzadores comestibles, tangibles o de
actividad, será seguido por reforzadores sociales.
6. El reforzador debe darse en pequeñas cantidades para no saciar al
niño, de otra manera el reforzador pierde fuerza. Por ejemplo: las
frituras y cacahuates se dan en trocitos, las bebidas se dan con un
rociador o un popote muy delgado, como un agitador para café.
7. El reforzador no debe ser conseguido por el niño, en otras
situaciones y bajo otras circunstancias que no sean las de terapia. Es
decir, el niño obtendrá el premio exclusivamente cuando presente la
conducta blanco y de la forma que esté programado. Los padres deberán
enterar a los maestros y a todas las personas que de una u otra manera,
tengan contacto con el niño, para que se abstengan de darle al niño los
reforzadores programados.
8. El reforzador debe ser respetado por el terapeuta tomando en cuenta
las estrictas características del que se ha seleccionado. Por lo
general, los reforzadores cambian cada cierto tiempo y se buscan nuevos
reforzadores.
9. El tono y volumen de la voz, así como la expresión facial que se
utilizan en el reforzamiento es de extrema alegría. Cuando damos terapia
conductual, actuamos nuestras expresiones y emociones, exagerándolos con
ademanes para lograr captar la atención del niño.
10. El reforzador deberá ser retirado si en el momento de reforzar se
presenta una conducta inadecuada, ya que el niño puede confundirse y creer
que el premio que recibe es por esa conducta no deseada.
11. Durante la terapia, los reforzadores deben colocarse de tal manera
que el terapeuta pueda tomarlos rápidamente y que estén fuera del alcance
de las manos del niño.
PROCEDIMIENTOS PARA EL APRENDIZAJE
Los procedimientos para
el aprendizaje marcan la forma en la que se modificará una conducta.
Consisten en seguir el paradigma del condicionamiento operante, con
diferentes consecuencias. Éstas son tres:
1.- Procedimiento por
Reforzamiento
Estímulo -
Respuesta - Consecuencia
Si la consecuencia es
positiva se dará al niño un reforzador
Si la consecuencia es
negativa se suspenderá el reforzador
Ejemplo: Se le ordena
al niño pararse y se le dará un dulcecito solo si obedece la instrucción.
2.- Procedimiento por Evitación
Estímulo -
Respuesta - Consecuencia
Si la consecuencia es
positiva se suspenderá el aversivo
Si la consecuencia es
negativa se dará el aversivo
Ejemplo: Al niño le
molesta que aplaudan y se pretende mantenerlo sentado. Si se para se
aplaude y mientras dure sentado, se deja de aplaudir.
3.- Procedimiento por Escape
Estímulo c/
aversivo - Respuesta - Consecuencia
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